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BLOODWYCH. Año: 1989. Casa: Image Works. Como adolescente que se vio obligado a salir del ghetto y crecer sin Internet a su alrededor (era 1989), he de confesaros que fue bastante jodido enterarse en su día de qué eran los Juegos de Rol. Fuera a donde fuera con mis preguntas sólo obtuve desconocimiento e incomprensión. En una tienda de juegos de la Gran Vía hasta me llegaron a responder: "Lo siento, no tenemos juguetes musicales." Harto y desesperado, y sin duda bajo el poderoso influjo de aquellas ilustraciones de guerreros, dragones y tías macizas en bikini de cota de mallas, intento ese mismo año una última aproximación a eso del rol con un videojuego de Atari ST llamado Dungeon Master, pero el maldito cabrón NUNCA ME CARGÓ. Incluso llego a cambiarlo en la tienda donde lo había comprado (en realidad un piso convertido en oficina de importación), pero el nuevo disco que me dieron resultó que tampoco funcionaba. A la mierda. Año 1991. El azar y el pirata informático de Óscar "el Pistolas" me ponen en contacto con un oscuro videojuego. Su nombre: Bloodwych, un revolucionario juego de rol de 16 bits "con gráficos en primera persona y un avanzado sistema de control". Le digo al pirata del "Pistolas" que se deje de historias y me consiga el Shadow of the Beast, intercambiamos dinero y mercancía y me piro a comer. Agosto de 1991. Varios meses después. Lo recuerdo perfectamente. Era una tarde tormentosa a través de los grandes ventanales de Urgel 253. Tras una opípara comida en familia que, seguramente, incluía patatas fritas, me retiro a mi cuarto y enciendo el ordenador. Aburrido y prematuramente hastiado de la vida, me pongo a remover la montaña de videojuegos adquiridos ilegalmente que tengo sobre la mesa, que aún no me he dignado a probar. Entonces, no sé muy bien cómo, el disco de Bloodwych aparece en mi mano. Lo inserto en la ranura de mi Atari ST. Click. En ese mismo instante, un gran rayo cae del cielo y va a dar a la acera de Urgel 253, golpeando a una señora que pasaba por allí, y fulminándola - lógicamente - en el acto. Yo me entero de esto tres días después y sólo porque bajo al kiosco a comprar tabaco: Bloodwych me había tenido todo ese tiempo absorto, casi hechizado. ¿Casualidad o una simple chorrada que me acabo de inventar? Pensad lo que queráis, pero yo, asustado ante este descubrimiento, me conjuré esa misma noche a no volver a cargar el juego, pero algo falló..., algo debió fallar porque a los 6 segundos y pico de haberme conjurado (probablemente a los 6,666), ahí estaba, joder, jugando otra vez al Bloodwych. Definitivamente era cierto: había algo diabólicamente demoníaco en los Juegos del Rol. Por fin había descubierto la verdad, buen Dios, pero a qué precio? Aquel juego me tenía totalmente enganchado y creo que me tiré medio verano sin salir de mi habitación, comiendo madalenas. Eso sí, en el proceso conseguí enterarme por fin de qué iba aquello del jodido rol: de pulular junto a otros personajes con escaso o ningún sentido de la orientación por rudimentarios laberintos en 3D. ¡Aquello era realmente ingenioso! Además, había bichos por todas partes, algunos diciendo frases verdaderamente épicas, de la talla de "LOOK TO THE TOWERS, MY FRIEND". No sé porqué (tal vez por la magia negra y por los poderes maléficos que me habían lavado el cerebro), pero me parecía de veras grandioso poder llevar por ejemplo un esqueleto e ir por ahí hablando con otros seres o muñequitos, diciéndoles cosas superchulas como "COME JOIN MY MERRY BAND". Y esto de "poder hablar" es relevante porque, si lo analizáis, prácticamente todos los videojuegos de rol autodenominados "de última generación" de los últimos veinte años han venido copiando (aunque mal) el mismo sistema de conversación de Bloodwych. Con cientos de objetos, hechizos, torres que explorar y personajes distintos -y sin largas parrafadas interrumpiendo innecesariamente el juego-, Bloodwych fue mi primer videojuego de rol y, en perspectiva, también un muy buen videojuego de rol, tal vez el mejor, sí, sin duda. Bloodwych contaba además con un modo anti-cooperativo a pantalla partida la hostia de novedoso, y digo anti-cooperativo no porque dicho modo estuviera mal programado, sino porque al parecer la gente pasaba mucho de cooperar y se lanzaba de cabeza a unos deathmatches medievales de tres pares de huevos (y un mago). Tanto es así que, según me han jurado, hasta que llegó el Mario Kart, Bloodwych fue la cosa más divertida que podían hacer dos tiernas almas frente a una computadora a pantalla partida. No obstante quiero dejar bien claro que por mucho que Bloodwych pudiera molar, mi mensaje a la pobre juventud de hoy en día es que tengan cuidado con los Juegos de Rol y que no prueben los Juegos del Rol a no ser que tengan por lo menos bien dominada la tabla de la Güija, que como todo el mundo sabe este tipo de videojuegos satánicos, los del rol, vienen siempre programados por EL DEMONIO. CÓMO JUGAR HOY A BLOODWYCH: Descargad Steem de su página oficial (http://steem.atari.st/) y el Automation Disk 122. En un derroche de generosidad y por el mismo precio (o sea, gratis), también quiero aconsejaros que, si optáis por la versión de Atari ST y el Steem, emuléis dentro del programa el antiguo teclado de Atari, pero para entrar en más detalles ya habría que mover el culo. |