Por más que nos pese, reconozcámoslo: ni somos caballeros, ni somos bohemios; pero los locales que vienen a continuación tampoco son el Folies Bergère:

Discoteca LUZ DE GAS
C) Muntaner, 246.
1,300 pts. por consumición.

Cuando estás en las fiestas de Gracia (la fiesta popular por antonomasia en Barcelona), y te sirven una copa a 300 pesetas, ya sabes que no te están sirviendo lo que pediste: entra dentro del precio. Pero del LUZ DE GAS, lugar para banqueros verdes y tipejas con datáfono en lugar de sexo, cabría esperar mejor alcohol, qué diablos.

Bar BERLIN
C) Muntaner.
850 pts. por consumición.

Los coleguitas de borrachera de los jueves cambiaron el bar de siempre por este otro, y aún no se dieron cuenta de cuánto perdieron en el traslado. Mucha camarera mona, mucho ordenador con gráficos para cobrar, pero el alcohol es malo de solemnidad.

Discoteca LA BOÎTE
Avenida Diagonal, 477.
1,200 pts. por consumición.
http://www.masimas.com/.

Mi discoteca de toda la vida ya no es mi discoteca de toda la vida, pero no me siento muy traidor: cuando recuerdo el alcohol que me servían no puedo evitar alegrarme de haberlos dejado. El hecho de que la única mujer allí dentro fuera la tía del guardarropía y de que mezclaran con Pepsi-Cola tampoco ayudaba.

Discoteca RAZZMATAZZ
C) Almogávers, 122.
1,000 pts. por consumición.

Buena música, ambiente distendido y copas de alcohol malo servidas con coca-cola de presión. Woohoo. Por si fuera poco, mis tres últimas novias frecuentan el local. La única diferencia entre una reunión de ex-novias y un aquelarre es que la reunión de ex-novias va en serio. A evitar.

Discoteca MOND CLUB - Sala CIBELES
c) Córcega, 363.
1,000 pts. por consumición.

Entrada de pago sin consumición incluida, música sosa, gente cutre y cubatas de agua. Si dieran collejas al salir y repartieran camisetas de "soy gilipollas" sería hasta cachondo. Pero no es el caso.

CONTINUARÁ...

Ya sé que el mundo es una gran farsa, PERO YO HE PEDIDO STOLICHNAYA CON COLA.

Existen tres métodos infalibles para hacerse rico rápidamente: el primero consiste en establecer una red de prostitución, el segundo en vender crack a los niños, y el tercero en montar un bar musical o una discoteca en Barcelona. Claro que, si se tiene un mínimo de principios y se conoce el significado de la palabra "moral", probablemente uno acabe decidiéndose por las putas o las drogas.

El maravilloso tema de hoy, niños y niñas, no es otro que el alcohol de garrafón.

Porque en un país tan lleno de viñas como el nuestro, podría pensarse que las peores cosechas se destinan a la producción de vino de mesa o a la fabricación de champú antipiojos, pero el verdadero destino de la mayoría de cepas es el alcohol de base. El alcohol de base es puro alcohol: no sabe a nada, huele a mil demonios, y es capaz de tumbar a un regimiento de cosacos. Junto a aromas y colorantes, se utiliza para fabricar inmundos licores de fruta o schnaps, que consumimos como idiotas en las cenas de compañeros de trabajo.

Pero lo que nos interesa del alcohol de base no es que tuviese la culpa de tu affaire con Susana de contabilidad, sino su papel en el LUCRATIVO NEGOCIO DEL RELLENO DE BOTELLAS DE AUTÉNTICO OH AUTÉNTICO LICOR.


Susana de contabilidad.

Botella de Stolichnaya.

Una botella de Stolichnaya en un bar cualquiera suele tener de Stolichnaya la etiqueta y, a veces, ni eso. Me refiero a que el cien por cien de su contenido es alcohol de base. Lo mismo pasa con otras marcas de vodka, ron, ginebra o whisky. Y no importa que los camareros abran la botella en tus narices. ¿De veras cree alguien que una estúpida tira de papel puede parar a estos tipos? Vamos... El hombre ha pisado la Luna en seis ocasiones y fabrica satélites que pueden fotografiar la parte más oscura de nuestro culo, ampliarla y publicarla en vallas publicitarias en cuestión de segundos. Una simple tira de papel no puede detenerles, en serio. Nada puede.

Lo intentaron oficinas de consumidores, ayuntamientos, ministerios de Sanidad y Consumo, asociaciones de viudas adictas al bingo, y los ochocientos millones de tipos más fuertes, altos y guapos que pedimos una copa antes que tú, y todos, sin excepción, fracasamos.

- Pero alguna cosa habrá que pueda hacerse, ¿no?

- Tal vez, pero, desde luego, dialogar no es una de ellas.

Podría pensarse que por la noche, por el hecho de ponerse guapa y salir de juerga, la gente se vuelve simpática y maravillosa y las cosas pueden hablarse. Craso error, amigo. La gente mata, roba y viola, de día, de noche y a todas horas, y no disfrutan cuando se les saca el tema. En el caso del alcohol falso, pues, es mejor callarse. Por lo general, decirle al dueño de un local que su alcohol va a dejarte ciego - literalmente ciego - suele ser mala idea. En las dos ocasiones en las que me atreví a sugerir que lo que estaba tomando tal vez no fuera auténtico, me quisieron linchar:

- Oye, debes haberte confundido.- le dije al camarero.- Te pedí Stolichnaya y me has puesto otra cosa.

- ¡SEGURIDAD, SEGURIDAD! ¡ESTE TIPO ME ESTÁ AMENAZANDO!


No tengo fotos de las piernas de mi ex-novia favorita, pero encontré esto buscando en Google.

Es fácil imaginar la escena que sigue: aparecen los matones y te explican las virtudes del alcohol del local, aunque sean las curativas, después de tanto golpe. Hijos de puta. Pero a mí no me convencen: si hay algo que conozco bien en este mundo son las piernas largas de mi ex-novia favorita y el sabor del vodka auténtico, joder, y en el segundo caso nunca acepto imitaciones. Descartada la posibilidad de solucionarlo como seres civilizados, e imaginando que el sistema de llevar un cubata como prueba a la comisaría más cercana sólo puede suponerte otra paliza, no queda otra salida, amigo, QUE HACER UNA PÁGINA WEB CUTRE DONDE CONTARLO TODO. Cosa muy triste, por cierto.

Porque beber alcohol al lado de tipas cachondas y subirse a la barra del bar para bajarse los pantalones a las cuatro de la mañana forma parte de nuestro estilo de vida, y no vamos a renunciar a él tan fácilmente, qué diablos. Y si por esto merecemos ser timados, golpeados e intoxicados, es que el mundo se ha vuelto JODIDAMENTE LOCO. Así que coge tu ruinosa página web, borra las mariconadas de "Hola, soy Alberto y me gusta salir con mis colegas", y comienza a escribir YA PERO YA el nombre de los garitos de tu ciudad donde sirven garrafón. La medida - te aviso ya - no servirá absolutamente de nada, porque a nadie le importa tu ruinosa página, o tú, o si te colaron aguarrás como Havana Club 7 años, o tú, o esa mierda gay de salir con los colegas. Sólo conseguirás un montón de denuncias por difamación, PERO AH LO BIEN QUE SE TE QUEDARÁ EL CUERPO, AMIGO.

Otra posible medida de protesta consistiría en no volver nunca más al local en cuestión - sistema infalible -, pero tal vez a tus amigos de juerga no les haga mucha gracia. Si es éste tu caso, ten en cuenta que los amigos de juerga están muy bien, pero no follan y además son estúpidos: dos hermosas cualidades que harán que no los eches de menos en el nuevo bar o discoteca que elijas. Pero ¿y si estás enamorado y quien no tiene planes de cambiar de garito es, precisamente, el objeto de tu amor? La cosa se hace más difícil, ¿verdad? Pues no. Aceptémoslo: el amor es hermoso y Romeo y Julieta murieron vírgenes, pero tienes las mismas posibilidades de tocarle un pecho a esa tía que yo de ser el próximo Papa negro, y, entre nosotros, NO SON MUCHAS.


El asunto del alcohol de garrafón nos afecta a todos, pero mucho más a este hombre. Jodido dios bendito. O lo que sea.

Hacer una página web y que te denuncien, o cambiar de local y olvidarte de los colegas de toda la vida o despedirte de la chica sexy del mes puede parecer un tanto radical, pero el asunto del garrafón es serio de cojones, amigo, y nos afecta a todos. Todo cuanto hagamos al respecto, será poco. Así que, personalmente, encuentro insuficientes las dos medidas anteriores. Para mí, la opción a seguir sería estampar el coche en la puerta del garito y causar una HORRIBLE HORRIBLE TRAGEDIA. Que saliera en las noticias y dijeran: "El alcohol de garrafa se cobra OTRAS treintaicuatro víctimas." De este modo conseguiríamos publicidad para nuestra causa, y fondos para hacer camisetas. Las camisetas siempre son prácticas.

Pero antes de decidir si creamos un movimiento de liberación para nuestros hígados o un grupo de psicópatas alcohólicos alienados por la lectura de una estúpida página web, quisiera aclarar que la indecente y lucrativa práctica del relleno de botellas se ha extendido como un jodido reguero de pólvora a lo largo de estos años, cobrándose innumerables víctimas.

¿Quién de nosotros no conoce a un amigo o amiga que asegura, con toda tranquilidad, que no ve la tele? ¿O a algún allegado (qué bonita palabra) que gusta de cubrir su coche con pegatinas de los campings en los que ha estado? O mujeres que no se depilan, y no por ello se privan de enseñar las piernas u otros lugares donde, dios bendito, la naturaleza les dio la posibilidad de hacerse trenzas. El horror, amigo. El horror.

Todos estos lamentables casos sólo pueden ser producidos por el alcohol de garrafa y por la falta de escrúpulos de unos empresarios que, no teniendo suficiente con unas ganancias de entre el 500% y el 1000% por copa, encima quieren envenenarnos.

Lo importante es que nos hemos dado cuenta de la situación, y no estamos dispuestos a permitir que se prolongue por mucho tiempo. Si es necesario, haremos páginas web escribiendo que somos tipos solitarios y estúpidos, porque abandonamos a nuestros colegas y porque dejamos plantada a la chica del desplegable central de nuestra revista pornográfica imaginaria. Si la cosa sigue así - precios altos a cambio de un alcohol de mierda -, las páginas de los conductores suicidas pronto causarán furor y las webcams para parachoques se venderán como churros. No tardará en salir un portal que ofrezca las mejores y más espectaculares imágenes de PORTEROS DE DISCOTECA ENCAJADOS EN UN OPEL CORSA™, y entonces, cabrones, entonces veremos quién ríe el último.

De la lectura de este artículo, deberían extraerse dos conclusiones del todo inútiles: la primera, que el mundo, efectivamente, es una gran farsa, donde las mujeres tienen pelos y donde el alcohol no es alcohol. Y la segunda, que escribir bajo los efectos del Stolichnaya comprado en supermercado es mucho mejor que hacerlo tras haber bebido en un bar. *Hics.* He dicho.

2002, Carlos Miguel Ruiz
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